Gris Jordana, directora de fotografía en ‘La Bola Negra’: un acercamiento íntimo a realidades queer

Con una nominación segura para representar a España en los Oscar y varias posibles candidaturas en el bolsillo, ‘La Bola Negra’ no pasa desapercibida. Su directora de fotografía reflexiona con ‘La Corahe’ sobre cómo encuadrar el grado de intimismo y el paralelismo político actual.

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Sebastian (Guitarricadelafuente) escalando al San Sebastian en 'La Bola Negra'.

“España tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que arañar la tierra para que salgan”. La Bola Negra ha llegado al corazón de todo el país en su estreno nacional del 25 de septiembre. Con la dirección de fotografía de Gris Jordana, los Javis narran tres historias marcadas por la guerra, y la memoria histórica. Lo cuentan por medio del amor queer enterrado entre cartas, fosas, secretos y obras inacabadas. Una de ellas, La Bola Negra de Federico García Lorca, que iba a ser su primera obra dramática con un personaje abiertamente homosexual, y que no llegó a terminar más allá de una sola hoja, interrumpido en su asesinato por el bando franquista.

Javier Ambrossi y Javier Calvo (La Veneno, La Mesías) rescatan esta cruel verdad y siembran un recorrido por tres historias. Parten de La Piedra Oscura que Alberto Conejero ya incorporaba en papel, y destaca su reparto: Guitarricadelafuente, Carlos González, Milo Quifes y Miguel Bernardeau, con Lola Dueñas, Penélope Cruz y Glenn Close. La banda sonora parte de Raül Refree, con la participación de Guitarricadelafuente en su canción principal (La nieve) y la jerezana Judeline en esa reapropiación del Soldadito español. 

En el marco de esta historia entra en la narrativa su cámara, el enfoque intimista de una historia de amor homosexual. Un eco de la guerra que su directora de fotografía, la candidata a la nominación por el Oscar, Gris Jordana (La Mesías), enfatiza con sensibilidad y respeto.

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Gris Jordana, directora de fotografía en 'La Bola Negra'.

La participación de Jordana llegó de forma natural: “Cuando terminamos La Mesías tenían un par de ideas sobre nuevos proyectos, me dijeron que cuando tuvieran algo lo mandarían para empezar a pensarlo”. Y así fue cómo comenzó la preparación, incluso antes de tener el guión, cuando le mandaron los libros A sangre y fuego, de Manuel Chaves Nogales, y La piedra oscura de Conejero. 

Libros, fotografías, películas, con una buena cantidad de material, les sirvieron para tomar la luz de una obra, tono y elementos de otra, hasta crear algo nuevo a partir de “inspiraciones para estar todos a una”. Así se refleja en la película, donde la fotografía honra a la propia cartelería promocional que distingue y entusiasma a sus audiencias, tanto a aquellas ya familiares con el imaginario cinematográfico de los Javis como a sus nuevos espectadores.

Las historias vivas, dentro y fuera de cámara

“El día más mágico fue cuando conseguimos el plano secuencia de Milo bailando”. Esa escena quedó grabada en la memoria popular desde su primer adelanto: la jerezana María Terremoto interpretando una seguiriya original en el bar, con un Milo Quifes fuera de sí que danza al ritmo tras ser rechazado del casino con “bola negra” por su orientación sexual. “Teníamos una planificación muy concreta para ese momento y empezamos el día cubriendo determinadas cosas. Peke Griffin, que es el operador de la Cámara A, hizo el plano. Cuando terminó, tuvimos claro que iba a quedar ese”.

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Rodaje de 'La Bola Negra'. //FOTO: Carla Oset.

Jordana lo recuerda como un momento especial, tanto como esa naturalidad realista que va rompiendo conforme se conoce más del personaje que interpreta el joven Milo. “En esta historia decidimos que la cámara iba a ser una parte muy importante de la puesta en escena. No iba a quedarse en una posición meramente observativa, como ocurre en las otras dos historias, sino que iba a tomar parte. Por eso hay movimientos de cámara tan expresivos. Trabajamos mucho con lentes angulares y con la cámara muy cerca del actor, prácticamente encima de él y mirándolo todo el tiempo”.

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Rodaje de 'La Bola Negra'. //FOTO: Carla Oset.

Eso les ayudaba a crear un lenguaje un poco más exagerado, por medio de cuyo avance el espectador va descubriendo que esa exageración tiene como motivo la metaficción. Por otro lado, estar tan cerca de él les permitía expresar muy bien las tribulaciones que atraviesa el personaje: “Carlos es alguien que prácticamente nunca toma acción, así que la cámara podía meterse en su cabeza y transmitir esa especie de parálisis e incapacidad para expresar sus emociones”. Porque Carlos no elige, sino que sigue la línea de su historia, encaminada por lo que otros van decidiendo en su nombre.

Una historia de la década de 1930, que atraviesa en paralelo por esas vivencias queer de personas que siguen recibiendo su bola negra respectiva en la actualidad, y de la realidad de mujeres encarceladas en sociedad como la hermana de Carlos (Milo Quifes), una de los personajes auténticos que Lorca llegó a escribir en su obra.

“Porque soy mujer. Y me conformo con ser mujer. Por mi gusto, tiraría a la jabalina, pero debo endulzar naranjas. Debo y quiero”. – ‘La Bola Negra’.

“Equivocar el camino es llegar a la nieve”

“En las primeras páginas del material de La Bola Negra aparecía un personaje llamado La Nieve.” Los Javis llevaban consigo un libro con las obras completas de Lorca y fueron extrayendo de ahí diferentes referencias. “Aunque ellos terminaron escribiendo la historia, querían que tuviera un carácter lorquiano, así que recurrieron a elementos de la propia obra de Lorca”, por donde esta nieve cobra mayor sentido, junto a la figura de los marineros y demás simbología.

Desde el punto de vista fotográfico, hay un cambio importante: las ópticas dejan de ser angulares y la cámara ya no está tan pegada al actor. Una vez que termina todo lo que sucede en el casino, el lenguaje visual vuelve a parecerse más al de la historia de 2017. “Lo hicimos porque veíamos que el final tenía que resolver las tres historias al mismo tiempo. Por eso decidimos unificar el lenguaje visual y hacer que las tres fueran confluyendo hasta convertirse en una misma historia, con un mensaje compartido”.

 

“Está el miedo actual al fascismo y la sensación de que determinadas amenazas siguen presentes”, Jordana.

En la parte de 2017 pretendían un lenguaje en el que cualquiera pudiera verse reflejado. “La intención era que pareciera que alguien podía salir de su casa en Madrid, abrir la puerta y encontrarse directamente dentro de esa historia”, con luz natural, lugares reconocidos y un movimiento constante de sus actores con una mirada “externa y natural, como si se le quitara hierro a lo que está sucediendo”.

 “Queríamos normalizarlo: Sí, esto le está pasando a Carlos, pero también te está pasando a ti. No queríamos convertirlo en algo ajeno o extraordinario. Para esta parte utilizamos ópticas más teleobjetivas, que nos permitían mantener a los personajes más alejados”. Ahí llega la parte de Sebastián con ópticas medias: los movimientos de cámara responden al del personaje, sin intervenir en la puesta en escena. 

A través del San Sebastián, flecha a flecha

En una época donde se da por hecho lo que se tiene y lo que se puede perder si no se defiende, Gris Jordana destaca la importancia del mensaje de la historia: “Podemos amar libremente como queremos y, sin embargo, no siempre somos conscientes de lo que eso significa”. Las historias que su cámara enmarca enfatizan la importancia de mantenerse libres, y las ganas de amar con las que tantos espectadores entran y salen del cine. “Además, está el miedo actual al fascismo y la sensación de que determinadas amenazas siguen presentes. Todavía podemos disfrutar de ciertas libertades y, muchas veces, no somos capaces de hacerlo”. 

“Volvemos a la cuestión de la memoria histórica: un pueblo que está condenado a repetir lo mismo. Ojalá no sea así.”

La película también plantea una mirada queer desde los márgenes de la historia española. En particular, la historia de Sebastián y Rafael y ese primer encuentro en San Sebastián, con la imagen de Sebastián escalando la enorme estatua. “Esa imagen venía muy pensada por los Javis. Nos describieron desde el principio la idea de un San Sebastián gigante y fuimos buscando referencias de la figura”, como referente dentro del colectivo LGBT+. 

El paralelismo de las políticas: desde la ficción lorquiana, hasta Sol

“Al final, siempre volvemos a la cuestión de la memoria histórica: un pueblo que está condenado a repetir lo mismo. Ojalá no sea así”. Y es que el estreno de la película llega en pleno auge de las acampadas por las protestas del acceso a la vivienda, en la lucha del Decreto Maricarmen, movilizaciones por Huelga General y la resiliencia de los jóvenes en toda Europa (desde Francia, pasando por Portugal y hasta Alemania) contra el auge de las políticas de derechas y su fascismo. Gris Jordana puntualiza lo que falta en la sociedad y a la industria a la hora de convivir con estas historias, tanto desde dentro como desde fuera: “Lo mismo que le falta a la gente en general en la vida: conocer al otro”.

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Penélope Cruz en 'La Bola Negra'.

La cámara en Gris encaja en su perspectiva, como directora y como ciudadana: “Que no puedan decirte por televisión que alguien es tu enemigo. Porque si bajas a la calle y hablas con tu vecino, sea de donde sea o ame a quien ame, probablemente te entiendas con él. El problema es que, si te quedas en casa viendo la televisión y te están diciendo continuamente que tu vecino es un peligro para ti, probablemente acabes pensando que lo es”.

Insiste en que debería existir más convivencia y más espacios de encuentro. “No voy a decir simplemente «empatía», porque eso es evidente y es necesario en la vida, pero en relación con el otro hacen falta lugares donde encontrarse, hablar y convivir”, tal y como se está manteniendo en Sol: empatía y organización.

“Me fijo, por ejemplo, en que en las ciudades donde hay más calles peatonales la gente es menos «facha». No necesariamente por otra razón que porque la gente baja a la calle, se habla y se mira a los ojos. Entonces ya no pueden contarte cualquier cosa por televisión con la misma facilidad”. Y de ahí surge la identificación hacia las historias del film, entrecruzadas con quien llora ante la pantalla, quien se moviliza en las manifestaciones y quien, al final del día, se organiza para poder seguir siendo libres.

“Por mucho que nos quejemos en este país, comparados con gran parte del mundo vivimos muy cómodos. Y eso hace que sea difícil activarse. La gente suele activarse cuando ya no tiene nada que perder o cuando la situación llega a un límite. Pero precisamente por eso tenemos cosas que podemos perder. Creo que lo que nos estamos dando cuenta todos es que ni siquiera esas cosas podemos darlas por hechas”.

La mujer detrás de la cámara

Para Gris Jordana, cada proyecto es una aventura nueva y eso es precisamente lo emocionante de su trabajo, donde prueba enfoques diferentes. “Junto con mis compañeras aportamos una manera distinta de estar en el set, algo que también pueden recoger nuestros compañeros”. Tradicionalmente, señala, los rodajes podían estar marcados por “gritos, luchas de egos y un ambiente muy incómodo que no aportaba demasiado”. Jordana desea que la presencia de estas compañeras esté contribuyendo a que el set sea ahora un lugar más tranquilo, donde se permita desconocer algo, explicar la necesidad de investigarlo o que alguien necesita un momento, “sin sentir que debes demostrar constantemente que lo sabes todo”. 

Y esto lo declara la mujer tras la cámara, quien entiende y dirige desde la sensibilidad necesaria para abarcar este tipo de historias, logrando empatizar con todo tipo de personajes: desde un Sebastián perdido a pie de guerra en La Bola Negra, enamorado de otro prisionero, hasta de una Cristina en La Veneno, quien, más allá de ser un referente trans, “solo quería ser aceptada”. Y ahí va ese proceso creativo, como conjunto, que empezó en La Veneno y se ha culminado en La Bola Negra. “No sé qué vendrá ahora, pero con estos proyectos hemos hecho un camino larguísimo los tres juntos”.

“Si te quieres enamorar de un cocodrilo, te enamoras; y si te quieres enamorar de mí, yo me dejo”. – ‘La Bola Negra’.

En su primer día en cartelera, La bola negra se situó en el primer puesto de la taquilla española, con una recaudación de 1,3 millones de euros y 175.000 espectadores. Ahora, con más de dos mil espectadores, empieza su recorrido en cines internacionales. De camino a los Oscar, con el Premio a Mejor dirección en Cannes y Premio del público en San Sebastián y Toronto, Jordana reclama cuál es su mayor alegría ahora mismo: más que hacer predicciones sobre el impacto futuro de la película, ver a tanta gente acudiendo al cine y, especialmente, “a tanta gente joven conectando con ella”.

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