La nueva adaptación de 'Harry Potter' y su vinculación a proyectos contra personas trans
La adaptación de HBO de la saga literaria reaviva el debate sobre el destino de las regalías de su autora, J. K. Rowling, vinculadas contra los derechos del colectivo LGBTIQ+.
El pasado 26 de marzo, HBO Max presentó el primer tráiler de su esperada adaptación televisiva de los libros de Harry Potter, escritos por J.K. Rowling. En cuestión de horas, el avance acumuló millones de visualizaciones e interacciones en redes sociales, confirmando el interés global por la nueva producción.
Sin embargo, el éxito comercial anticipado de la serie ha reabierto una controversia que trasciende el ámbito del entretenimiento: parte de los ingresos generados por esta adaptación podrían destinarse a financiar iniciativas que buscan limitar o anular los derechos de la población trans.
Según los términos habituales de la industria, los autores de obras literarias adaptadas a la pantalla reciben pagos iniciales por los derechos de propiedad intelectual, así como regalías adicionales en función del éxito de la producción. En el caso de Harry Potter, Rowling no solo percibirá ingresos por estos conceptos, sino que también actúa como productora ejecutiva, lo que incrementa sus beneficios directos.
Además, el impacto mediático de la serie suele impulsar las ventas de libros, ediciones especiales y traducciones, generando un círculo de ingresos continuos para la autora.
Rowling y sus donativos a causas contra personas trans
Si bien es legítimo que los creadores se beneficien del éxito de sus obras, en este caso existe documentación pública que vincula a J.K. Rowling con el financiamiento de acciones en contra de los derechos de las personas trans. La escritora británica ha expresado en repetidas ocasiones su oposición al reconocimiento de la identidad de género.
De igual forma, la autora de los libros de Harry Potter ha promovido discursos considerados transfóbicos por colectivos, compartido desinformación sobre el colectivo LGBTIQ+ y organizaciones de derechos humanos. Incluso, ha destinado recursos a fondos privados como el “J.K. Rowling WOMEN’S FUND”, dedicado a litigar en favor de la exclusión de las personas trans de espacios públicos.
Sophie is a trans woman and a true feminist ally. She was making the point that anti-depressants were over-prescribed to teenagers in the past, with serious consequences. https://t.co/yxuK2Mh49X 8/11
— J.K. Rowling (@jk_rowling) July 5, 2020
Since JK Rowling has blocked any reply to this litany of half-truths and transphobic dogwhistles, I thought I'd catalogue them properly here: https://t.co/vo3AsrZJLz
— 🤦♂️ Andrew James Carter (@Carter_AndrewJ) June 10, 2020
Ante este escenario, surgen preguntas que trascienden el ámbito cultural y se adentran en el terreno ético: ¿es posible disociar la obra de su autora? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los consumidores al apoyar contenidos vinculados a posturas controvertidas? ¿Puede la nostalgia por una saga icónica prevalecer sobre el compromiso con la defensa de los derechos humanos y, en particular, de la comunidad trans?
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